Las Ganas

LAS GANAS

Si alguna vez deseas algo con mucha fuerza y se te cumple multiplicado por cinco, échale la culpa a las ganas, ellas son las culpables de todo.
Hace un tiempo desee un lugar bonito donde Pura Vida pudiera asentarse, echar raíces y extender las alas; me fui a una librería, compré un mapa y dibujé destinos posibles. Después, cogí mi coche y me fui a sentir aquellos lugares, a escuchar lo que me decían. Escuché al mar y me dijo que le esperara, que aún no era el momento, escuché a las montañas del norte, no ahí no…mi amiga y yo buscábamos y buscábamos. Lloré de incertidumbre y de miedo, lloré porque buscar cansa, alimenta el alma pero cansa. Y cuando terminé de llorar, ahí estaba, delante de mí, el lugar que yo más amaba en el mundo…La Colonia. Y comprendí que tenía que ser allí, ¿dónde si no?, donde reí y crecí con los que aún hoy todavía son mis amigos, donde viví mi primer gran amor, donde la naturaleza me atravesó por primera vez, donde mi castaño preferido, mi hamaca preferida y mi libro preferido…donde sí porque sí.
Despertar con el ruido del arroyo y la Nonna hablando con su italiano suave, mi madre haciendo su pisto, mis hermanos peleando y riendo, el árbol de mi vida que sostenía a toda nuestra familia y a todo el que llegaba con el alma triste…ese árbol siempre fue nuestro protector, lo vio todo y lo acunó todo, las confesiones, las risas, los miedos y los anhelos, un enorme ser vivo cuidándonos a todos. Mi madre no lo sabía, pero el castaño era su verdadero amor, el que la protegía y le susurraba al oído todas las verdades. Cuando ella por las noches se sentaba a mirar las estrellas, él estaba a su lado y la hablaba despacito, sin que ella se diera cuenta. Años después, cuando alguien lo cortó se fue la parte más importante de mi infancia…y el dolor aún sigue ahí, aún no puedo asomarme.
Y por eso Pura Vida tenía que ser allí, tenía que recoger mis pasos, volver a beber de la fuente de agua helada, sentarme a charlar con mis amigos, bañarme en la piscina, esta vez con mis hijos y sentir que la vida es un ciclo, que todo vuelve, que no hay principio ni final.

Y ahora que estamos aquí, mi amiga, su amor y yo, con unos cuantos corazones expectantes para ver qué hacemos con nuestra Colonia, con kilos y kilos de ilusión y con las ganas de los niños pequeños, nos sentamos, nos miramos, respiramos y nos preguntamos…¿qué queremos que sea este lugar? Y antes de preguntar ya sabemos la respuesta: queremos que sea lo que siempre fue, un lugar de amistad, calidez y alegría, donde cada uno pueda ser lo que le dé la gana de ser… donde el amor siempre sea la respuesta. Nuestro lugar en el mundo…nuestro CIELO DE GREDOS.

Sobre el Autor: pura vida

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